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Vinos de maceración carbónica: Jóvenes y preparados

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El momento es crucial, en el lagar se advierte el interés y la preocupación. Un hombre mayor, provisto de una copa, abre la válvula del tanque de acero inoxidable y deja salir un brillante líquido chispeante y vivaracho. Primero desplaza el recipiente todo lo lejos que permite el brazo extendido, aprecia sus colores en el contraste con el haz de luz y a continuación lo acerca a la nariz. Una vez degustado despaciosa, concienzudamente, da con un gesto de honda satisfacción su asentimiento. Las caras cambian de expresión, pasan de expectantes a gozosas, una jarra va llenando las copas, y las personas allí presentes disfrutan de los primeros aromas, sabores y sensaciones del año. Ha nacido el vino nuevo. Pocos momentos son tan satisfactorios en el mundo del vino como este. Probar, degustar, beber abiertamente el nuevo vino que nos brinda la cosecha, valorar cuales son sus virtudes destacadas, sopesar qué carencias se le adivinan. Más tarde vendrán las cábalas sobre los depósitos que irán a crianza, la estrategia de marketing para los vinos especiales, aquellos que nos harán disfrutar dentro de diez o doce años, o más incluso. Pero ahora, en estos momentos solo cabe impregnar nuestros sentidos de toda la intensidad de su juventud. Algo así ocurre desde hace ya ocho años en Madrid con Primer, la feria de los vinos de maceración carbónica. Bien es verdad que pierde algo de esa frescura y espontaneidad, la solemnidad del momento, si se quiere, pero por otro lado se gana en limpieza de nariz e imperfecciones de paladar. Y sobre todo se pueden degustar en un solo día los vinos de más de treinta bodegas, salidos de diferentes terruños, hechos con distintas variedades y pensados de forma muy particular. Solo les une su peculiar proceso de elaboración y el privilegio de degustarlos antes de que el año se acabe. La pertinaz de nuevo El año 2005 puede pasar a la historia como la cosecha de la sequía. Es la vid una planta dura y resistente como pocas. Lo ha demostrado a lo largo de la historia, y es conocida desde que el hombre ha aprovechado sus propiedades. Pero en años como este 2005, en el que la obstinada sequía ha dejado un rastro de carencia muy acusada, la viña se ha sustentado con lo poco de frescor y humedad que todavía contenía el suelo. Aunque por otra parte todos los que hemos visto el proceso en la mayoría de las zonas vinícolas pudimos comprobar que los racimos rebosaban salud, debido a la falta de lluvia o de humedad. Aunque ha habido que lamentar en áreas muy localizadas algún pedrisco o la rareza de una helada prematura en puntos muy localizados. Tampoco ha hecho un calor sofocante, y las últimas semanas ha refrescado mucho por las noches. En definitiva, se espera en casi todas las comarcas vitivinícolas una cosecha de gran calidad. Ya he oído que en una denominación famosa será nominada con el título de excelente. Una añada sin mácula No hemos detectado en la cata las carencias de otros años. Pocos vinos había sin hacer o con acusadas faltas de limpieza u otros defectos. Me ha gustado mucho el blanco D. Pedro de Soutomaior (el vino, por supuesto) y creo que es el mejor de maceración que ha elaborado Adegas Galegas hasta la fecha. Feliz novedad ha sido la incorporación a este tipo de vinos por parte de la bodega mallorquina Macià Batle: su vino, con una base fuerte de Manto negro, es de lo más original. Los riojano-alaveses se muestran espléndidos, deliciosamente aromáticos y con mayor estructura. Léase Remírez de Ganuza, Luberri, Ostatu, Albíker, Arabarte, Luis Alegre, Casado Morales y los nuevos como Aladro, elaborado por el joven enólogo Pablo Martínez. De los la Rioja alta el que hacen los Muga es sencillamente excitante. De esta Rioja, el Señorío de Villarrica es todo finura y equilibrio, lástima que no nos hayan dado a catar su magnífico rosado, como hicieron el pasado año. Me ha gustado mucho el cambio de concepto del vino de Prada a Tope, un cambio espectacular, que se aprecia por fuera y por dentro. Como la parte de dentro es la más interesante, resaltan sus colores cubiertos y su enorme y aromática nariz, y sobre todo el paladar suavemente voluminoso. El de Castilla-La Mancha, Isola, es simplemente arrebatador, un ramillete de flores y fruta. Un vino que siempre da la misma calidad, limpio y aparentemente sencillo es el blanco de Merseguera y Moscatel que elabora Pablo Osorio en Murviedro. Como novedades hay que resaltar el Azul de Estancia Piedra: hecho en Toro, es, todo poder. En resumen, los vinos de maceración carbónica ptobados en Primer, a mediados de diciembre, solo eran un adelanto de las excelencias de este año, que si no se tuerce nos traerá muchas satisfacciones para los años venideros.

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