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California New Wave

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Ninguna de las regiones vinícolas destacadas del mundo se ha desarrollado en los últimos 10 años de manera tan dinámica ni se ha redefinido tan acertadamente como California. Y el mercado del vino estadounidense, que todavía sigue ligeramente en alza y que, en cuanto a volumen, es el más importante del mundo, acoge los nuevos vinos superiores californianos con facilidad. El precio no es el factor decisivo, cada vez es más importante que los nuevos crus tengan en consideración el cambio de gusto de la época. Lo cierto es que los tiempos de las pesadas bombas de fruta ya han pasado. La tendencia es: más individualidad y menos alcohol. Los chauvinistas del vino en Europa, hasta ahora, ni se han dado por enterados de esta California New Wave. ¡Es hora de mirar con discernimiento hacia esta nueva California!

Texto: Thomas Vaterlaus

 

"What the fuck is the Californian style?”, pregunta Míster Perilla Supercool desde detrás de la barra a una joven pareja. Estamos en el Terroir Natural Wine Bar and Merchant en San Francisco. El que venga aquí debería saber que California ya no es la tierra del Chardonnay de caramelo, avellana y miel. Y tampoco la tierra de los Cabernet tipo culturista anabolizado. Al menos en este local, y en todos los demás bares de moda de la ciudad. Uno no para de oír retazos de conversación como “¡Levaduras naturales, por supuesto!” o bien “Solo un 13 por ciento de alcohol, qué suerte!” Después de tomar cuatro copas de vinos ligeros de productores locales cuyos nombres jamás había oído antes, uno sale del local sospechando que los elixires grasos se están extinguiendo y se deberían declarar especie protegida, porque si no, desaparecerán como las manadas de búfalos hace 200 años. Porque en Estados Unidos las cosas pueden ir muy deprisa una vez que ha cambiado el viento.

 

¿Demasiado europeo para los europeos?

En Europa, apenas se han dado por enterados de la California New Wave. En el Viejo Mundo mucha gente mantiene una actitud esquizofrénica frente al vino californiano. Durante años, los grandes vinos de la Costa Oeste han sido denostados por excesivamente especiados y opulentos. Ahora que cada vez más presentan características opuestas, los mismos formadores de opinión, sorprendentemente, se preguntan por qué los europeos amantes del vino iban a querer disfrutar de los vinos californianos si cada vez son más parecidos a los tradicionales europeos. Pero si es cierto que el vino es, más que un producto alimenticio estimulante, un patrimonio cultural que pertenece al mundo entero, deberíamos prestar atención a los nuevos vinos que se están haciendo en California. La afirmación: “No necesitamos los Chardonnay de estilo borgoñón de California porque aquí podemos bebernos los vinos borgoñones de la Borgoña”, trasladada al arte contemporáneo, sonaría así: “No necesitamos arte contemporáneo de Estados Unidos, porque en Europa tenemos arte contemporáneo de sobra…” La nueva generación de vinicultores californianos ha tomado nota del desinterés latente de Europa. En el fondo, no necesita el mercado europeo. “En Estados Unidos, la demanda interna y la dinámica siguen siendo tan elevadas que los nuevos vinos con personalidad propia encuentran aficionados casi inmediatamente”, afirma el Master Sumiller y enólogo Geoff Kruth. Es cierto que el mercado americano del vino en el año 2013 desplazó a Francia como mayor consumidor de vino del mundo en cuanto a volumen y, desde entonces, mantiene su posición en la cima. Esta fuerte demanda interna es el catalizador decisivo de este desarrollo dinámico en California. A diferencia de Europa, con su taciturna competencia por la suplantación y las barricas rebosantes de vino, los sumilleres y comerciantes estadounidenses se entregan a una eufórica caza de enólogos emergentes y con talento, y de nuevos vinos de alta gama.

 

La nueva aviación ecológica

También en las regiones vinícolas de California se percibe esta misma dinámica. Es como si el pulso latiera más deprisa en Napa Valley y en Sonoma County que en las regiones vinícolas clásicas de Europa. La Sustainable Winegrowing Alliance –que durante mucho tiempo y por la ausencia de estándares vinculantes hacía sonreírse a los expertos europeos, que la consideraban un mero instrumento publicitario– está presentando resultados tangibles. Hace tiempo que los vinicultores de California, acostumbrados a la escasez de agua que atormenta la región, se consideran modélicos en el uso responsable del preciado líquido. Y las soluciones sostenibles están llegando hasta el mínimo detalle. Por ejemplo, la nueva fuerza aérea de los viñedos, ecológica y extremadamente efectiva. Airstrike Bird Control es una empresa que da trabajo a 35 halconeros. Cada uno de ellos se ocupa de ocho halcones. Cuando estas aves sobrevuelan las viñas en círculos antes y durante la vendimia, no hay pájaro que se atreva a robar ni la uva más diminuta. Porque si el halcón descubre al intruso desde lo alto, se abalanza sobre él en picado a una velocidad de 300 kilómetros por hora. Los halcones están reemplazando cada vez más a las redes de plástico, ecológicamente sospechosas, y a los dispositivos automáticos de disparo de balas de fogueo.

 

Diez vinos, diez historias

 

Forlorn Hope Winery
Que Saudade Verdelho,
Sierra Foothills, 2013
2016 a 2019
Matthew Rorick primero fue surfista en el sur de California y después sirvió en la marina de los Estados Unidos durante la Primera Guerra del Golfo. Más tarde, su abuelo David despertó su sensibilidad por el misterio del vino, con dilatadas consecuencias. Matthew se hizo vinicultor y hoy hace especialidades como un Gemischter Satz a la manera vienesa, un raro y excelente tinto de la poco conocida variedad portuguesa Alvarelhão y este asombrosamente complejo Verdelho de densa trama. Por cierto, el nombre de la bodega, Forlorn Hope, no significa esperanza perdida, sino tropa perdida, que en la jerga militar designa a la avanzadilla de voluntarios condenada a muerte que abre brecha para el resto de los soldados.

 

Massican Winery
Annia White, Napa Valley, 2013
2016 a 2020
¡Quién lo iba a decir! Napa Valley es capaz de hacer algo más que Chardonnay y Sauvignon en lo que respecta a los vinos blancos. El vinicultor Dan Petroski, de 41 años, tiene antepasados de Campania, estudió la filosofía de Josko Gravner y, junto con su Annia, hace magia para embotellar una cuvée blanca de Tocai Friulano (45%), Chardonnay (32%) y Ribolla Gialla (23%), que es algo nunca visto en Napa Valley. Notas florales, especiado de hierbas, además un toque de membrillo, en el paladar vigoroso, fresco y con carácter, así es el nuevo ritmo de Napa Valley, con un 12,2 por ciento de alcohol.

 

Liquid Farm
White Hill Chardonnay,
Santa Rita Hills, 2013
2016 a 2022
Desde su fundación en 2009, este equipo de tres de Liquid Farm lleva un programa claro y transparente: ajustándose rigurosamente al modelo borgoñón, se seleccionan las Chardonnay de majuelos individuales en Santa Rita Hills (Central Coast). La estilística, según el terruño, varía entre Meursault y Chablis. Aromas discretos y elegantes de hierbas del prado, además piedra mojada y un matiz salado. En el paladar cremoso, equilibrado, muy fresco, notas especiadas de la madera apenas perceptibles. Catado a ciegas, se podría confundir incluso con un Chardonnay del Jura.

 

Tyler Winery
Bien Nacido Chardonnay,
Santa Maria Valley, 2012
2016 a 2022
Este vino es otro ejemplo impresionante de que no solo en la salvaje costa de Sonoma, sino también más al sur, en Central Coast, hoy por hoy pueden madurar unos vinos de Chardonnay increíblemente frescos y finamente estructurados. Justin Willett, de 35 años, estudió Arte y Arquitectura, y aprendió el oficio del vino como aprendiz a tiempo parcial en una bodega de Santa Rita Hills. Ya en 2005 vinificaba sus propios vinos. Actualmente trabaja exclusivamente con Chardonnay y Pinot de Central Coast. Lo que es capaz de extraerle al tan conocido Bien Nacido Valley es sorprendente. Antes este majuelo producía unos Chardonnay más bien ampulosos, a diferencia de este vino de Willett, elegantemente discreto, mineral y con estructuras cristalinas.

 

Radio-Coteau
Savoy Pinot Noir,
Anderson Valley, 2013
2016 a 2022
Criado en Nueva York, Eric Sussman se introdujo en el oficio del vino con los mejores: Baron Philippe de Rothschild en Pauillac y Domaine Jacques Prieur en Meursault. En 2002 se instaló en el noroeste de Sonoma County y fundó su propio proyecto enológico. Sabiendo que los mejores Syrah no suelen madurar muy lejos de los mejores Pinot, desde entonces se centra en estas dos variedades. Todos los majuelos se cultivan a la manera biodinámica (certificado Demeter) y con un azufre mínimo. Su Savoy Pinot Noir de la fresca zona de Anderson Valley (donde con esta variedad también se producen crujientes espumosos) presenta aromas de bayas rojas, hierbas de los prados y un recuerdo de regaliz. En boca resulta elegante y frutal, sostenido por unos taninos finamente estructurados y una acidez fresca y alegre.

 

Lost and Found Winery
Pinot Noir, Sonoma Coast, 2012
2016 a 2022
El nombre de la bodega ya nos cuenta su historia. Hace más de cien años, una familia de inmigrantes italianos comenzó a plantar manzanos, ciruelos y vides en las colinas de la costa de Forestville. Cuatro generaciones después, Joe y Catherine Bertolomei, actualmente propietarios del renombrado Farmhouse Inn Restaurant en Forestville y descendientes de aquel granjero, se acordaron del rancho abandonado y empezaron a restaurarlo. Desde 2010 producen, con la ayuda del Master Sumiller Geoff Kruth y la enóloga Megan Glaab, un magnífico Pinot vigoroso y fresco, con aromas de frutillos rojos, flores y hierbas aromáticas.

 

Kutch Wines
McDougall Ranch Pinot Noir,
Sonoma Coast, 2013
2016 a 2022
En su primera vida, Jamie Kutch, que ahora tiene 41 años, fue agente de bolsa en Wall Street, pero ya entonces fermentaba en su apartamento en Manhattan uvas Merlot y Cabernet con sus propias manos. En 2005 se puso en camino hacia el oeste y allí se quedó. Actualmente vinifica Pinot Noir de pago en Sonoma Coast, a solo unos kilómetros del fresco Pacífico. McDougall Ranch está situada junto al legendario majuelo Hirsch Vineyard y promete pura elegancia cool climate: aromas de frutillos del bosque y hierbas aromáticas frescas, notas terrosas. En el paladar trama densa, fantástica acidez.

 

Calder Wine Company
Colombini Vineyard Carignan,
Mendocino, 2013
2016 a 2022
Rory Williams, de 30 años, procede de una familia de vinicultores de Napa Valley. Su padre, John, ya en 1981 fue uno de los fundadores de la bodega Frog’s Leap Winery, que sigue dirigiendo en la actualidad. En 2012 Rory inició su propio proyecto, Calder. Trabaja en Napa Valley con variedades raras pero interesantes, como Riesling y Charbono. Su Carignan procede de una parcela plantada en 1942 en Redwood Valley, en los alrededores de Mendocino. Maduro, con una frutalidad que parece infinita, con notas de ciruela, hierbas de la garriga y una pizca de humo. Recuerda a los grandes vinos de Corbières.

 

Bedrock Wine Company
The Bedrock Heritage,
Sonoma Valley, 2013
2016 a 2030
La uva procede de un viñedo que hizo plantar George Hearst (padre del magnate de la prensa William Randolph Hearst) en el año 1888 con 22 variedades. Zinfandel y Carignan son la base de este vino de un increíble carácter, con una frutalidad fresca y clara de bayas oscuras, menta y pimienta. En el paladar es complejo, muy potente, transportado por grandes cantidades de taninos finamente estructurados. Morgan Twain-Peterson, el hombre que está detrás de este proyecto, es el hijo de Joel Peterson, el fundador de Ravenswood y el Padrino de la Zinfandel.

 

MacDonald Vineyards
Cabernet Sauvignon, Napa Valley, 2012
2016 a 2028
Quien crea que el legendario viñedo To Kalon en Napa Valley es un pago que pertenece exclusivamente a la bodega Robert Mondavi Winery se equivoca. La familia MacDonald, establecida allí desde hace tiempo, también posee 3,5 hectáreas, una parte de ellas con cepas de más de 60 años. Los jóvenes hermanos Alex y Graeme MacDonald han vinificado con este tesoro de la familia por primera vez un Cabernet propio de la añada 2010 con la ayuda del también legendario enólogo de Napa Valley John Kongsgaard. El de 2012 es una revelación: extraordinariamente elegante, aromática aún cerrada con frutillos del bosque frescos, hierbas aromáticas, pimienta y sotobosque. Estructuras de trama tremendamente densa, pero sin atisbo de opulencia. Derrochadora estructura tánica. ¡Fantástico!

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